M lo subio.
Visto esto, los enemigos que estarian tres quartos de legua,
procuraron de buscar campo donde nos dar la batalla, i asi le
tomaron a su proposito i asentaron su artilleria i concertaron
sus esquadrones, que eran ducientos i treinta de cavallo, en que
venian cinquenta hombres de armas: la infanteria eran ducientos
arcabuzeros i ciento i cinquenta piqueros, todos tan lucidos e
bien armados, que de Milan no pudieran salir mejor aderezados: el
artilleria eran seis media culebrinas de diez a doze pies de
largo, que echavan de bateria una naranja: tenian mas otros seis
tiros medianos todos de fruslera, tan bien aderezados i con tanta
municion, que mas parecia artilleria de Ytalia que no de Yndias.
El Governador vista su desverguenza, la gente mui en orden,
despues de haver hecho los razonamientos que convenian,
diciendonos que viesemos la desverguenza que los traidores tenian
i el gran desacato a la corona Real, camino a ellos, i llegando a
tiro donde su artilleria podia alcanzar, jugo luego en nosotros,
que la nuestra por ser mui pequena e ir caminando, no nos podimos
aprovechar della de ninguna cosa, i asi la dexamos por popa:
matarnos hian antes que llegasemos a romper con ellos mas de 30
hombres, i siempre con este dano que rescebiamos, caminamos hasta
nos poner a tiro de arcabuz, donde de una parte i de otra jugaron
i se hizo de a mas partes arto dano, i lo mas presto que nos fue
posible porque su artilleria aun nos echava algunas pelotas en
nuestros esquadrones, cerramos con ellos, donde duro la battalla
de lanzas, porras i espadas mas de una grande hora; fue tan
renida i porfiada que despues de la de Rebena no se ha visto
entre tan poca gente mas crue batalla, donde hermanos a hermanos,
ni deudos a deudos, ni amigos a amigos no se davan vida uno a
otro.
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