Pues llegada la gente a
la puerta de la plaza, enpe caron a entrar los esquadrones con
grandes cantares, y ansi entrando ocuparon toda la plaza por
todas partes. Visto el marquez don Francisco Picarro que
Atabalipa venia ya junto a la plaza, embio al padre fr. Vicente
de Balverde primero obispo del Cuzco, y a Hernando de Aldana vn
buen soldado, y a don Martinillo lengua, que fuesen a hablar a
Atabalipa y a requerille de parte de dios y del Rey se subjetase
a la ley de nuestro Senor Jesucristo y al servicio de S. Mag., y
que el Marquez le tendria en lugar de hermano, y no consintiria
le hiziesen enojo ni dano en su tierra. Pues llegado que fue el
padre a las andas donde Atabalipa venia, le hablo y le dixo a lo
que yva, y le predico cossas de nuestra sancta ffee,
declarandoselas la lengua. Llevava el padre vn breviario en las
manos donde leya lo que le predicaba: el Atabalipa se lo pidio, y
el cerrado se lo dio, y como le tuvo en las manos y no supo
abrille arrojole al suelo. Llamo al Aldana que se llegase a el y
le diese la espada, y el Aldana la saco y se la mostro, pero no
se la quiso dar. Pues pasado lo dicho, el Atabalipa les dixo que
se fuesen para Vellacos ladrones, y que los avia de matar a
todos. Pues oydo esto, el padre se bolvio y conto al marquez lo
que le avia pasado; y el Atabalipa entro en la plaza con todo su
trono que traya, y el senor de Chincha tras del. Desque ovieron
entrado y vieron que no parescia espanol ninguno, pregunto a sus
capitanes, Donde estan estos cristianos que no parescen? Ellos
le dixeron, Senor, estan escondidos de miedo.
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